Juan Figueroa y el amor a unos colores
Ligado desde siempre al CD Tenerife, el equipo de su vida, Juan Jesús Figueroa Pérez (1951) está considerado una institución dentro del club, pese a no haber sido dirigente, entrenador o jugador. Durante la treintena de años que permaneció en la entidad, se ganó la consideración y el respeto de todos por su absoluta dedicación en las tareas desempeñadas. Este sábado, en la previa de la visita del CD Lugo (15:15 horas), 'Figue' recibirá un más que merecido reconocimiento, en el Heliodoro Rodríguez López.
Su ingreso en la entidad se registró en el verano de 1968, de la mano del histórico masajista Rogelio Alberto, quien convenció al entonces presidente del club, José González Carrillo, sobre la necesidad de encomendarle el cuidado del material del primer equipo, una labor que acabó por desempeñar hasta 1998, durante 30 años consecutivos. Pero el vínculo se remonta más atrás en el tiempo.
Con solo 14 años ya acompañaba al Estadio a su padre, que trabajaba en la empresa Piqué, cada una de las tardes que acudía para ayudar en el riego del campo o participar en las tareas de limpieza, en muchas ocasiones también junto a su madre. Por entonces, a veces Rogelio Alberto le pedía que le “echara una manita”, recogiendo la ropa y los balones, tras las sesiones de entrenamiento.
“El CD Tenerife significa todo para mí, porque siempre he estado vinculado al club, por una cosa o por otra, y podría decirse que nací en el Estadio”. De hecho, Figueroa trabajó a las órdenes de 32 entrenadores y junto a más de 300 futbolistas, durante el mandato de hasta siete presidentes. La mayor parte de esta labor aconteció junto a dos masajistas de leyenda: el mencionado Rogelio Alberto, al que consideraba como “un segundo padre”, y Onésimo Díaz, su padrino de boda.
Prácticamente cualquier referencia al antiguo utillero, por parte de los técnicos y jugadores aludidos, contiene palabras de cariño hacia su persona, cuando no de gestos. Sirva como ejemplo el de Antonio Mata, con la dedicatoria del gol que dio el pase a las semifinales de la Copa de la UEFA, en Copenhague, el 18 de marzo de 1997, ante el Brøndby IF, cuando Figueroa convalecía de su segunda operación de cadera;
o anteriormente, en 1983, cuando Juanjo Irusta le cedió la insignia otorgada por el club a cada uno de los jugadores que obtuvieron el ascenso a Segunda División; o cuando Chema Noriega, en el ascenso a Primera División de 1989, le entregó “un sobre con buen dinero”, a modo de gratificación, para compartir con Onésimo Díaz.
Por no hablar de la generosidad de jugadores y técnicos para la compra de su casa y la celebración de su boda. O del papel reivindicativo de Jorge Valdano, para que le subiesen el sueldo, o benefactor, para cederle su prima en la UEFA de 1994.
Juan Jesús Figueroa, Figue, conoció con el CD Tenerife todas las categorías del fútbol: desde la Tercera División, donde se jugaba en su ingreso en el club, hasta la Primera División y la competición continental. En principio, la economía solo daba para que los desplazamientos se hicieran con el masajista, multiplicándose en todas las tareas auxiliares, incluida la del utillero.
Su primer viaje
De manera excepcional, su primer viaje llegó en junio de 1971, cuando el ascenso de Tercera a Segunda, con ocasión de una visita a Talavera de la Reina (Toledo). Y algo parecido sucedió a finales de 1977, cuando el equipo tuvo que partir el año en la localidad cántabra de Castro Urdiales y afrontar, en el plazo de diez días, hasta tres compromisos seguidos lejos de la Isla (Barakaldo, Mestalla y Alavés). En esa ocasión, a Figueroa le tocó cubrir la baja por enfermedad de Onésimo Díaz y hacer las veces de masajista y utillero.
Pero, a su pesar, dada la aversión que le tenía a los aviones, aquellos desplazamientos esporádicos acabaron por convertirse en tan frecuentes como obligados. A finales de los ochenta, con nuevas exigencias y mayor disponibilidad económica, a Figue no le quedó otra que unirse a los desplazamientos y, poco a poco, perder el miedo a volar.
En el tramo final de su andadura laboral recibió, en 1997, el Premio a la Dedicación Deportiva, concedido por la Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife (APDT), por su encomiable labor en las facetas desempeñadas en el CD Tenerife, que compatibilizó fuera de la entidad con labores como entrenador de fútbol base y árbitro de categoría regional.
Saque de honor
De esta manera, en el encuentro que este sábado, a partir de las 15:15 horas, medirá al CD Tenerife con el CD Lugo, la afición blanquiazul podrá tributarle un más que merecido reconocimiento a Juan Figueroa, quien además realizará el saque de honor en el referido compromiso de la jornada 27ª, en la Primera Federación 2025/2026. Treinta años de abnegada labor profesional en la entidad tinerfeñista, y toda una vida vinculado al club de sus amores. Este sábado será un día de grandes emociones para todos los birrias de corazón.
#JuanFigueroaBlanquiazul #LaBregaNosUne #HistoriaCDT

